sábado, 10 de marzo de 2012

Disparatado Asesinato en el Upper East Side - Capitulo 1

Una mañana más, como tantas y tantas otras, el despertador ha sonado con absoluta puntualidad al llegar la siete. 

Su estridencia me ha arrancado del apacible descanso en el que me hallaba zambullida. Creo que soñaba algo sobre compras, o sobre amor por los zapatos y los bolsos; No sé… Supongo que es por culpa de la película que vi anoche. 

Siempre es doloroso despertar de repente pero aún más un lunes como hoy. Supone volver a empezar. Es el inicio de una semana más, igual que la anterior y clavadita a la siguiente. ¡Está bien! Reconozco que no me he levantado demasiado positiva, pero claro… ¿Quién lo iba a ser después de un fin de semana de reclusión e impuesta soledad?

De repente, me pongo en pie y de un respingo sacudo mis penas intentando espabilarme. Lo siguiente que hago es darme una ducha rápida para poner en marcha del todo la materia gris de mi cerebro. Mientras dejo que los gélidos chorros de agua me azoten cual latigazos decido que jamás volveré a tener una cita a ciegas, sobre todo si la cita está organizada por Josh, mi mejor amigo.

Desde hace algún tiempo tiene la compulsiva obsesión de querer emparejarme. Dice que soy una solterona y que si me descuido acabaré vieja, gorda y sola. Según él estoy en el límite de edad en que aún puedo cazar a un hombre pasable, ¿Pero para que narices quiero yo a un hombre pasable? En caso de querer uno, que no lo quiero, querría al hombre perfecto. ¿No os parece lógico mi razonamiento?

Al salir de la ducha recorro la estancia que hay del baño a mi cuarto descalza tratando de no resbalar, porque si así fuese… ¿Cuánto tardarían en encontrarme muerta? Puede que días o incluso… ¿Semanas? Quizás Rochelle, mi gata, me devorase y no dejase ni rastro de mí. Puede que mi muerte se convirtiese en un gran misterio… ¡Daphne, céntrate! Me digo intentando alejar esos macabros pensamientos de mi cabeza.

La verdad es que cuando me estreso me da por ponerme tremendista y pensar todo tipo de cosas raras. Siempre que estoy nerviosa imagino cosas y me hago preguntas sin ton ni son. Supongo que cada uno es como es, peor sería auto mutilarme para controlar las emociones. Lo mío por lo menos no deja marcas.

He abierto el armario y he cogido lo primero que he encontrado. No estoy de humor para jugar a las barbies esta mañana; Bien pensado, ninguna mañana lo estoy. La ropa es ropa, y punto. Para que perder el tiempo combinándola pudiendo dormir unos cuantos minutos más. Apuesto a que si mi jefa, Ditta Krugger, supiese lo que realmente opino sobre la moda me echaría de una patada en el culo sin dudarlo. No en vano, trabajo para una importante revista de moda. Se supone que debería mostrar interés y todo eso, pero yo paso. Es mi secretillo en el trabajo, allí me limito a fingir. 

Pero no os vayáis a creer, no tengo nada que ver con lo que se pública, solo soy una simple documentalista. Mi trabajo consiste en recabar datos e informaciones y elaborar un pequeño esquema de lo que acabará siendo el artículo. Más tarde, las caras bonitas de la revista ponen su nombre y se llevan el reconocimiento. A mis treinta y seis años soy poco más que una becaría. 

Pensar en Ditta me produce urticaria. Es una bruja de mucho cuidado; es déspota, egoísta y egocéntrica como jamás había conocido a nadie. A parte de todas esas lindezas, está como una cabra, diría que roza la bipolaridad. En ocasiones es sospechosamente simpática y al segundo es poseída por la cólera más ilógica que uno pueda imaginar. En fin, cosas de los jefes…

Preparados, listos… ¡Ya! Ahora si que comienza el día, lo anterior no ha sido más que un ensayo. Salgo a la calle y compruebo que el bajo Manhattan aún no ha despertado del todo. Pese a que ya hay cientos de personas en sus calles y flujo de vehículos comienza a ser considerable, se nota que la ciudad aún se está desperezando. Los primeros rayos de luz asoman al reflejo de los rascacielos y la suave brisa que recorre sus aceras nos recuerda que aún estamos en Febrero.

Es esa típica hora en la que unos vamos y otros vienen, lo llaman el cambio de turno Neoyorquino; De camino al despacho he parado en uno de esos establecimientos que nunca cierra y he comprado un café mocca blanco. Su calidez traspasa el grosor de mi guante y hace que me sienta reconfortada. El aroma dulzón y pegajoso del café hace que de repente recuerde fragmentos de la película que vi anoche. Algo sobre una chica adicta a las compras, no recuerdo el titulo. El caso es que la película trataba sobre una chica que compraba compulsivamente ropa, bolsos, pañuelos, zapatos…todo tipo de cosas. Arrasaba en un segundo escaparates como los que yo paso cada día rumbo al trabajo. De pronto observo mi reflejo en uno de ellos y no siento lo más mínimo. Nada. Cero. Es frustrante la verdad, ojalá yo pudiese sentir tal emoción al hacer compras. Sería gratificante de vez en cuando sentir emoción por algo. Aunque fuese por un par de Manolo´s. 

Tras divagar reemprendo mi peregrinaje hacía el Flatiron Building, el edificio donde trabajo. Es el famoso edificio en forma de V donde hace unos años se rodó “El secreto de Verónica”, la serie de TV protagonizada por Krystie Ally antes de que fuese gorda, claro está. Actualmente no la dejarían pasar más allá del vestíbulo. 

Si fuese por Ditta, en lugar de sensores de seguridad habría básculas para controlar el peso de los empleados de la revista. Por suerte para mi, no es así, si lo fuera debería dejar de tomar estos deliciosos e hipercalóricos cafés de StarBucks. 

De pronto recuerdo el nombre de la película se llamaba “Confesiones de una compradora compulsiva”. En ella, como no, la protagonista acababa felizmente liada con el guaperas de turno. ¿Qué pasa? ¿Una no puede ser feliz sola? ¿Es obligatorio tener pareja?

Yo pienso que NO!

Pero no nos engañemos, la sociedad aún no está acostumbrada a mi manera de pensar, aún sigue anclada en que una a mi edad tiene que tener marido e hijos sino es rara. Si llegada a cierta edad una mujer aún está soltera es que algo raro tiene y por eso no ha sido capaz de encontrar un buen hombre. Eso es lo que piensa todo el mundo.

En infinidad de ocasiones me han mirado mal cuando he ido sola al cine o a comiendo en un restaurante e incluso pasando mis vacaciones en un hotel. La gente se divide en dos grupos, los que te miran con lastima y los que te tratan mal porque dan por sentado que eres una amargada y que por ello nadie quiere estar contigo. “¡¿Una entrada sólo, señora?!”

¿Señora, yo? ¡¿Cuando me he convertido en mi madre?¡ 

Cabreada conmigo misma por haber sacado el tema de la edad prosigo mi camino y sucede lo que era lógico que sucediese a estas horas de la mañana. Un apresurado ejecutivo, ataviado con un lustroso traje Armani, me ha golpeado y ha he que me caiga todo el café sobre la blusa. El muy…ni si quiera se ha disculpado. Si esto fuese una película, seguramente habríamos acabado felizmente casados y hubiese surgido una bonita historia del encuentro. ¿Pero que he conseguido yo? 

¡Una mancha!

Es gracioso porque define a la perfección mi existencia; Mi vida no es más que eso. Una gran mancha que se extiende sin rumbo ni sentido sin que yo pueda hacer nada por pararla. Aunque no me importa, yo soy feliz sola. Paso del amor y de todos los rollos que conlleva. 

Suerte que siempre llevo una muda de recambio pienso mientras bordeo una tapa de alcantarillado abierta. Ahora solo me faltaría caer a la cloaca para mejorar aún más este fantástico lunes que no ha hecho más que empezar. 

De repente apresuro mi paso y nerviosa observo el reloj que parece acelerar los segundos solo para hacerme la puñeta; Sobretodo hoy. No puedo llegar tarde. Los lunes en “In Style”, la revista en la que trabajo, se hace el reparto de temas o reunión del despelleje que es como a mi me gusta llamarlo. En ella Ditta reparte los temas que compondrán el número de la semana y siempre se crean grandes peleas entre las compañeras por escoger un tema u otro. Yo la verdad es que trato de mantenerme al margen y observo en silencio el espectáculo. 

No merece la pena pelear con nadie por un absurdo artículo. Sobre todo si lo mejor que te pueden ofrecer es: ¿Aún no has encontrado el pareo perfecto para combinar con tu bikini? o ¿Nadie te ha dicho que eso te queda fatal?, ¡No te lo pongas!

¿Apasionante, verdad? Pues ese es el pan de cada día; Ridículos artículos superficiales y carentes de fondo, pero que le vamos a hacer, es mi trabajo y lo hago lo mejor que puedo. Algún día conseguiré escribir cosas serias. Eso sí, espero que sea antes de morirme. Sería muy frustrante para una escritora vocacional como yo triunfar en el mundo de las letras a través de un tablero oui-ja. 

Puedo ver los titulares; Apuesto lo que que sea a que serían de algún periodicucho con el que envolver pescado. El articulo rezaría lo siguiente: “Solterona es devorada por su gata tras morir contacta desde el más allá. ¡No se lo pierdan!”

Al pensar en mi futuro ficticio, inevitablemente me planto en 1989. Principio y fin de muchas cosas, en cierto modo el punto de partida de la Daphne de hoy en día. Siempre he tratado de olvidarlo, durante los últimos veinte años lo he probado por todos los medios, he querido quitarme de la cabeza lo que me sucedió, pero nada, siempre encuentro una pequeña grita para sacarlo de nuevo a la luz. ¿Cómo olvidar que me rompieron el corazón?

Dicho así suena a poco, y la verdad es puede que lo sea, pero sumemos todo lo demás… Hagámoslo de manera esquemática: 1989, la noche del baile, música de madonna, concretamente “Like a Prayer”, un accidente de coche, la muerte de un ser querido, la ausencia del que era mi novio, la angustia por haberlo perdido todo… ¿Cuál pensáis que fue el desenlace?

Una huida hacia delante; Una vida en otro sitio. En resumen: El fin de la felicidad.

Desde entonces decidí no implicarme emocionalmente en nada más. De ahí mi hastío crónico y mi incapacidad para emocionarme. Me he quedado anquilosada, afincada cómodamente en mi coto de seguridad. Con el paso del tiempo me he vuelto una experta eludiendo las emociones. Del tipo que sean, da igual. De la risa al llanto, pasando por enfados y decepciones. Trato de evitarlas todas, me he convertido en una funambulista de las emociones. 

¿Qué sucedería si alguien de repente agitase el cable? Sería horrible…

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