viernes, 6 de abril de 2012

Disparatado Asesinato en el Upper East Side - CAPITULO 7


Ha pasado tan solo una hora y me da la sensación de conocer a esta mujer de toda la vida. Charlamos como si fuéramos dos viejas amigas que se han rencontrado y poco a poco mi articulo sobre ella va quedando en un segundo plano. Reímos con gran complicidad y sin saber bien como, sale el dichoso tema:
 
- Yo me llevé un gran desengaño cuando tenía dieciséis años y no he querido saber más sobre el tema del amor -confieso suspirando e intentando no pensar en Billy- ¡Nada de hombres!

- ¿Lesbiana? -pregunta dando una calada a su cigarro.

- ¡No! -contesto rápidamente- Simplemente he evitado el asunto.

- ! ¿Veintiún años?! -pregunta poniendo los ojos en blanco- Has de explicarme como se hace eso porque yo no puedo estar sola ni una semana... -confiesa echándose a reír- Todos son unos malditos cerdos, pero... -da de nuevo una calada aun más profunda y expulsando sensualmente el humo por la boca dice- que divertida hacen la vida los mal nacidos.

- Yo soy de la opinión de que es uno mismo quien se labra el camino. Es decir, no necesariamente la felicidad depende de agentes externos a uno mismo. Por eso es científicamente posible renunciar al amor.

- Perdona que te lo diga pero eso suena ciencia barata y artificial -me reprocha apagando el cigarro en el cenicero- El amor es el motor que lo mueve todo. No necesariamente debe ser amor de un hombre hacía una mujer o entre sí o a la inversa. En todo hay un poquito de amor. En la relación entre padres e hijos, en las relaciones de amistad, hacía los animales, hacía las aficiones que uno tenga.... hay gente loca como yo que llega a enamorarse de su trabajo... Así que me perdonarás, pero no tolero que digas que se puede vivir sin amor.

- Visto así podría llegar a darte la razón, pero si se puede vivir sin los hombres -añado con rotundidad.

- ¿No serás monja, verdad? -dice encendiendo otro cigarrillo- Yo me he casado cinco veces y si se me presentase la ocasión lo haría una sexta.... la vida es aventura hay que dar al traste con todo. Lo que sea será y pasará cuando pase, yo no me cierro a nada.

- Realmente me gustaría poder ser como tú en ese aspecto, pero... -estoy apunto de decirlo, pero me callo. ¿Que tendrá esta mujer que me está haciendo abrir de esta manera tan exagerada?

- Pero... -dice intentando tirarme de la lengua.

- Nada, simplemente yo...

- Tú...

- ¡Yo estoy muy enfadada! -exploto sin poder evitarlo- Esta misma mañana, antes de venir a verte, me he topado por sorpresa. ¡Después de veintiún años sin vernos! Con mi ex novio Billy y no he sido capaz de decirle nada de lo que tenía pensado decirle después de todos estos años. Ha ganado como siempre la chica buena.

- ¡Camarero! -Grita Marión acompañando un silbido- ¡Tráiganos unos Margaritas! -se gira hacía mi, acaricia amigablemente mi mano y me dice- Cuéntamelo todo.

Una hora más tarde me siento tremendamente animada. Soy capaz de hacer lo que sea. Es como si me hubiese chutado una sobredosis de vitalidad. ¿Habrá sido la compañía de Marión?, ¿Su jubilo?, ¿Su seguridad? O ¿Han sido los cinco margaritas que me he tomado mientras hablábamos? Por el motivo que sea,  me siento decidida, me siento capaz.

Iré a hablar con Billy y le diré todo lo que pienso, todo lo que siento hacía él y lo que me ha hecho sufrir su recuerdo durante estos años. Quiero una explicación y la quiero ya. No me vale es falsa cortesía que ambos hemos escenificado en el ascensor. No quiero montar un teatrillo cada vez que nos encontremos. Quiero la verdad y quiero saberla hoy. Al fin sabré porqué me abandonó la noche del baile de graduación. Por fin sabré porque no estuvo junto a mí la misma noche en que mi padre murió.

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