miércoles, 6 de abril de 2016

Reseña: El alma del mundo - Alejandro Palomas

“Otto Stephenson y Clea Ross ingresan en un asilo para ancianos ricos y solicitan que una cuidadora en particular, Ilona, se ocupe de ambos. Clea, de noventa años, en su juventud una brillante violonchelista, sacrificó su carrera para permanecer a la sombra de su marido, un célebre director de orquesta. Dotada de un estimulante sentido del humor, es dueña de una ironía demoledora, libérrima y encantadora cuando quiere, pero dura con todo aquello que le resulta despreciable. Otto, de edad semejante, es un anciano seductor que conserva el encanto y el glamur de su juventud. La joven Ilona esconde un pasado terrible en su Hungría natal, sometida al terror soviético. Es una mujer zarandeada por el destino. 

En Barcelona, conoce a Miguel. Además de vivir un gran amor con él, este le enseña oficio de luthier. La felicidad se rompe cuando Ilona viaja a Budapest y permanece allí un largo periodo de tiempo para cuidar a su madre. Otto le pide a Ilona que dediquen su tiempo a fabricar un violonchelo y esta ocupación se convierte para el anciano en lo más importante de su vida. Ilona tiene otros intereses: reconstruir su relación con Miguel. Durante tres meses, las vidas de Clea, Otto e Ilona se entrelazan, se llenan de confidencias, de secretos, de verdades a medias, de medias mentiras, de descubrimientos, y acaban formando un mosaico en el que nada es lo que parece. El violonchelo será en última instancia el desencadenante que los protagonistas esperan para encauzar la segunda oportunidad de sus vidas y retomar los cabos sueltos que les impedían a cada uno, por distintos motivos, ser felices. 

El alma del mundo propone una sugerente inmersión en la naturaleza humana, en el sufrimiento y la felicidad, en el amor y el desamor, en el dolor y la pérdida. Los personajes están excelentemente construidos, con una complejidad tal que permite una puesta en escena verosímil y lúcida, dramática y emotiva. A lo largo de la novela se intercala en la trama un interesante juego de espejos que recrea las distintas perspectivas de los personajes, especialmente los de Clea y Otto, cuyo ángulo de observación de sus vidas, que han corrido paralelas, acaba revelándose como algo más de lo que en apariencia parece. La original trama, manejada con gran soltura por el autor, el ritmo narrativo y la solidez de los personajes convierten El alma del mundo en una lectura cautivadora, singular y diferente”.

Otro maravilloso libro de este autor que me tiene enamorada.

Una novela llena de todos los matices del alma humana, donde el lector va encajando piezas en un puzzle de la misma forma que las va desencajando porque en ocasiones tienes muy claro por dónde va la relación de los protagonistas, para en páginas posteriores pensar que la cosa va por otros derroteros.
Bien, bien, tal y como dice la sinopsis del libro, es un juego de espejos donde los protagonistas van desnudando sus almas, pero donde el reflejo de lo que muestran no siempre es lo que parece y puede inducir a llevarse alguna sorpresa final al lector.

Un ritmo muy lento de lectura, pero que sin embargo no deja de fluir en todo momento, con un punto de tristeza tal y como su autor nos tiene acostumbrados, pero siempre con mucha sensibilidad y ternura, y en ocasiones, con estallidos muy claros de rabia contenida.

Sus personajes Otto, Clea e Ilona nos adentran en sus vidas para ir sacando a flote toda la frustración, el miedo, la soledad, la rabia y la culpa que durante mucho tiempo a anidado en su interior, y el centro Buenavista, donde van a coincidir durante unos meses, será el catalizador que hará posible la limpieza de todos esos sentimientos que los atormentan.


Una novela deliciosa, que hay que leer saboreándola, al ritmo lento y pausado de las notas profundas de un chelo, el protagonista silencioso de esta historia y el centro en el cual gira toda la trama. 

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