viernes, 3 de agosto de 2012

Trabajar... Que no es poco!

Un día en clase de Psicología de las Organizaciones el profesor preguntó. ¿Qué es el trabajo? Tras afinar la definición después de muchos comentarios llegó la pregunta que hace un par de días retomé en una cena con amigos, ¿si no te pagan, es trabajo?

Dentro de las concepciones lingüísticas de “trabajo” no encuentro satisfacción a mi pregunta. La versión online de RAE siempre me deja con la miel en los labios. En cambio, para los que no nos damos por vencidos, busco la definición económica y establece: el trabajo consiste en uno de los tres elementos que determinan toda producción, como sucede con la tierra y el dinero.

Ese término hace referencia a toda ocupación que tiene un hombre o una mujer fuera de su hogar por la que recibe una asignación económica mensual. Éste término fue el que defendió mi profesor aquel día en clase. Dijo: “señores, si trabajan les pagan, si no, están haciendo voluntariado. Y no se crean que es bueno hacer su trabajo y no cobrar, siempre debe uno cobrar y no sólo una cantidad simbólica sino lo que su trabajo merece”. Me encantaba este profesor.

Ahora volvamos a la cena. Allí estábamos, “A”, “L”, “E” y yo, y un invitado especial traído de Europa, “F”. Cenábamos en un lugar estupendo de Madrid, y como solemos hacer, nos quejábamos del trabajo o la falta de él. De pronto salió el tema, ¿qué compromiso tienes con una empresa si no te están pagando por trabajar?

Hace 40 años, cuando las cosas no estaban muy bien en España, a los aprendices se les pagaba un salario. Miserable posiblemente, pero se les pagaba. Apenas tenían estudios, y el superior debía dedicar parte de su tiempo a enseñarles, por lo que, bien pensado, podía entenderse que esta persona tuviera un peor salario por realizar ese trabajo ya que 1) no sabía hacerlo y 2) estaba recibiendo las lecciones que le ayudarían a ganarse la vida el resto de su adultez. Hoy día, cada vez más se ve como las empresas se aprovechan de la situación y no pagan a becarios cualificados que tienen estudios superiores. Sí, es posible que les falte conocimiento práctico, y sí, es normal tener peor salario o incluso miserable, pero ¿es justo o, incluso a nivel de la gestión de los recursos humanos, práctico tener a un empleado gratuito?.

Mi respuesta a la pregunta de esa noche fue exactamente esta: no tienes ningún compromiso. Tu relación con la empresa es más de tipo mercantil que laboral y lo mismo que ellos pueden prescindir de tus servicios en cualquier momento, así puedes tu también prescindir de su trabajo cuando lo desees.

Es más, creo que el compromiso de cualquier joven por una compañía que ni siquiera le paga una pequeña ayuda de estudios a un empleado que tienen bajo el título de becario, debe ser cercano a 0. No nos engañemos. Hay muchas variables que entran en juego a la hora de querer trabajar en un sitio: clima laboral, funciones del puesto, reputación de marca, etc. Pero si un empleado no está satisfecho mínimamente con su salario, no se comprometerá jamás con la empresa. Quizás aguante durante un tiempo si otras condiciones son buenas o muy buenas, pero no mucho. Y lo que es peor, desde el punto de los recursos humanos, habrás dedicado tiempo a formar a un recurso que luego será valioso para otra compañía.

Nos comimos un buen trozo de tarta para aumentar la serotonina gracias al azúcar y nos fuimos a casa a descansar. Al día siguiente tocaba trabajar. Menos mal que como decía Annie “El sol brillará mañana”.

Rita Delgado - Psicologa Experta en Comunicación & RRHH - http://ritaquierecontarte.tumblr.com

Reacciones:

0 comentarios:

Publicar un comentario