viernes, 30 de noviembre de 2012

El humor como forma de pensar la cultura

El humor no sólo divierte. Los sketch de Alfredo Casero en su programa Cha Cha Cha, los monólogos de Tato Bores o Pinti y los chistes de Marcelo Tinelli, también pueden ser útiles para estudiar y pensar cómo se configura y manifiesta la cultura. Convencidos de que esto es posible, un grupo de investigadores de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) se dedica desde 1998 a investigar la impronta humorística y sus características en la literatura y la producción mediática contemporánea.

"El humor es una lente privilegiada para abordar la cultura ya que es una respuesta no habitual, rupturista o cuestionadora de las reglas. De esa forma pone de manifiesto lo que está naturalizado y automatizado en una comunidad", indica Ana Flores directora del Grupo de Investigadores sobre Humor (GIH) de la casa de estudios.

A través del análisis de la publicidad, libros, Internet y la televisión, el equipo traza el mapa de las expresiones humorísticas que circulan en los medios y define rupturas e innovaciones en un campo que asume una postura políticamente libertaria, tal como plantea la especialista. "El humor es la respuesta no obediente, la que no se prevé. La sorpresa de lo inesperado produce risa y socava los cimientos de ciertas seguridades", expresa.
Reirse hoy

Con el respaldo una década de trabajo, Flores visualiza algunas características de los discursos que hoy hacen reír a los argentinos. "Predomina el humor políticamente incorrecto y orientado. Es decir, no es un pastiche que no toma partido y se queda en una posición neutral, sino que contiene una fuerte crítica a las condiciones actuales de vida y a la cultura hegemónica, a pesar de que a veces se transmite desde la banalidad", explica.

Por otra parte, agrega que el absurdo (en algunas ocasiones acompañado por lo grotesco) y la chanza son las formas de expresión humorística de mayor difusión mediática. "El absurdo es un relato que desenmascara a la sociedad e invierte el proceso del humor tradicional: lo feo, lo tonto o lo malo deja de ser objeto de burla y es el humorista el que emite desde esos lugares. Es el caso de "Todo por dos pesos", la literatura de César Aira, las historietas de Langer y algunos fanzines", describe Flores.

Con respecto a la chanza, reconoce que es un humor menos elaborado y agresivo que se ríe de las debilidades de otro. A lo largo de la historia sobran ejemplos de la multiplicidad de sus usos y de la diversidad de sus fines. "El humor político del siglo XIX tomó mecanismos de esta manifestación y lo complejizó, como fue el caso del periódico satírico El Mosquito, donde fue un 
instrumento eficaz de acción política".

Este tipo de discurso se puede percibir asimismo en los productos de Marcelo Tinelli y es el que más presencia tiene en los medios masivos. "El recurso humorístico se convierte en una forma de librar una guerra civilizada, es una agresión violenta y elemental que se profiere desde un lugar de superioridad que no permite réplica. La finalidad es reírse de la buena fe y la ingenuidad de las personas", destaca la directora del GIH.

Interpretar el humor más allá de la provocación de la risa permite abordar la cultura desde un discurso que se reinventa y se modifica, y lleva la impronta de la sociedad que, en definitiva, lo crea. Para Flores, no perder de vista esta dimensión del chiste es elemental para reconocer en la comicidad una usina de significaciones sociales inagotable.
Inseguridad para la seriedad académica

El discurso humorístico no conoce fronteras. Sin embargo, su estudio y análisis está lejos de ser masivo y legítimo. Eduardo Romano, referente nacional y pionero en los estudios sobre cultura popular reconoce que el humorismo y lo académico tienen una relación de desconfianza: "El humor es un lugar inseguro para la seriedad que supone la academia, porque pone en duda, desacraliza, tergiversa, diversifica y desdobla. Esto, para los que creen tener una identidad concreta y consolidada, es peligroso".

Recientemente, el investigador y profesor de la Universidad de Buenos Aires (UBA) estuvo en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la UNC para dictar el curso "El humor argentino situado (¿o sitiado?)". Sobre el título de esta actividad académica, Romano explica: "El humor está situado porque hay mucha bibliografía que trata de caracterizarlo como un fenómeno permanente, único, que se puede definir de una sola vez. Creo que lo interesante son las diferentes formas que adopta a lo largo del tiempo y en diversos contextos y circunstancias. Con sitiación me refiero a la posibilidad de encuadrar ese discurso en diferentes géneros y determinar sus componentes".

Para el especialista, el humor cristaliza situaciones particulares del contexto en el que surge y por esa razón puede dar respuestas alternativas a los problemas que la gente atraviesa en su vida cotidiana.
Diccionario humorístico

El Grupo de Investigadores sobre el Humor está asentado en el Centro de Investigaciones de la Facultad de Filosofía y Humanidades (Ciffyh) y lleva publicados tres libros sobre la cultura humorística en la Argentina. Para fin de año, estará editado el primer volumen del "Diccionario de términos del humor y breve enciclopedia de la cultura humorística", un compendio crítico de las categorías que analizan el humor a partir de un cruce disciplinario. Además, durante 2008 investigarán la cultura humorística de Córdoba, ya que los anteriores abordajes se realizaron a partir de producciones nacionales realizadas en Buenos Aires.

Fuente: Periódico Hoy La Universidad  - UNC

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