viernes, 16 de noviembre de 2012

Festival literario Eñe: Pistas para escritores Noveles

El concurso de la literatura se expone este fin de semana en Madrid con la crudeza de un programa piloto. De un lado, autores noveles rabiando por una oportunidad; del otro, editores callosos pero con debilidad por los debutantes. El escritor tiene la oportunidad de demostrar que su melodía es la más bonita y que sabe llegar a las notas altas. El editor puede aplaudir o apretar el botón de la trampilla de los cocodrilos.

La relación entre los dos gremios ha sido asimétrica siempre, pero se ha hecho más escarpada en un contexto editorial de contracción y conservadurismo (hay quien dice que también de escaso talento) en el que promocionar a un novato suena a suicidio. El encuentro Cuatro editores en busca de autor, dentro del festival de literatura Eñe, ofrece desde hoy a 16 escritores debutantes la ocasión de poner cara a los miembros del jurado; y a estos, de exponer sus razones y circunstancias. Se reunirán en privado y el sábado los editores presentarán sus impresiones en una charla en el Círculo de Bellas Artes. No hay pistas de qué harán unos y otros cuando se tengan enfrente. Probablemente, los que escriben contarán por qué merecen ser publicados; los que editan escucharán y darán pistas sobre cómo respira la industria, cómo lee un editor, y la mejor forma de armarse ante el reto de publicar.

Extrayendo ideas de una conversación con los cuatro editores que participan en la actividad —Pepo Paz (Bartleby, poesía y narrativa), Cristina Fallarás (Sigue leyendo, edición electrónica), Constantino Bértolo (Caballo de Troya, narrativa) y Juan Casamayor (Páginas de espuma, relato)—, este es un compendio informal de sus consejos para el autor novel.

>> Arriesgar en la creación. “En este contexto no hay que hacer lo que espera Mondadori; hay que apostar por lo que quiere uno”, asegura Fallarás. “La industria ha impuesto convenciones como novelas de entre 250 y 400 páginas, pero eso se está rompiendo. Van naciendo nuevas formas”.

>> Elegir destino. Cuanto mayor sea la editorial, más difícil es publicar. “Al filtro de calidad se le añaden lo que opinen el director de marketing, el de ventas…”, piensa Casamayor. “Los autores deben saber por qué les interesa una editorial u otra”, dice Bértolo. Sobre los agentes hay muchas dudas: son efectivos pero, sin contactos o buenas perspectivas, es difícil encontrar alguien que represente a un novato.

>> Un manuscrito limpio. “Después de acabarlo hay que leer, corregir, dejarlo que descanse en el cajón”, dice Casamayor. Nada debe quedar a la piedad del editor.

>> Sin dudas. “No nos engañemos: saber venderse forma parte de la poética contemporánea”, expone Bértolo. “Es un consejo general. Todos nos hemos convertido en viajantes de comercio”. Si un autor no cree en su obra, es difícil motivar a un extraño. Tiene que haber firmeza desde el correo que acompañe al manuscrito.

>> Paciencia. “El tempo del que escribe es diferente del que edita”, reconoce Pepo Paz. Entre tres y nueve meses le toma al editor leer un original. Y si dice sí, la espera para llegar a la librería acaba de empezar. “Yo estoy trabajando en el catálogo de 2014”, ejemplifica Casamayor.

>> Aceptar que el mundo es injusto. “Publicar en una editorial como la mía, con 15 títulos anuales, es muy difícil. Incluyo un par de noveles; tres, si estoy zumbado”, dice Pepo Paz. Incluso manuscritos considerados buenos no se publican. Casamayor: “Quien te diga que no se preocupa de las cuentas, no es editor”.

>> No aspirar a grandes tiradas. “Yo las hago mínimas, hasta de 300, porque colocar a un novel es casi imposible”, cuenta Paz. “Ofrecemos una tirada corta, pero nuestro prestigio y el trabajo de apoyo a la creación”.

>> Un rincón en la librería. Para un debut con pretensiones artísticas las posibilidades de copar la mesa de novedades son ínfimas. “Luce más una novelita de Henry James que el primer trabajo de un chico de Cáceres”, explica Casamayor. Vencer a un muerto es difícil.

>> Olvidar los periódicos. Los medios de comunicación también están en crisis. Apuestan por lo seguro y no regalan espacio. “Prefieren traducciones y clásicos. La crítica se siente más segura ante una obra ya homologada”, opina Bértolo. Fallarás ve que la venganza se puede encontrar en las redes.

>> Pero no dejar de exigir. El autor debe pedir al editor. “Que hable de correcciones y puntos de vista”, recomienda Casamayor. “Aunque seas primerizo, tienes que saber cómo van a distribuir, si habrá entrevistas…”.

>> Opción electrónica y autoedición. “Internet es una oportunidad”, cree Pepo Paz, “pero el editor certifica la calidad y aporta”. Abunda la impresión de que es más útil para calmar el ansia del autor que para difundir una obra. Fallarás sí apuesta por la electrónica sin reservas: “Es el mejor momento de la historia para publicar. El papel se vende poco y caro. Sacar libros baratos es una oportunidad para el escritor y el lector”. La editora considera que Internet puede ser también el primer paso para llegar a la librería. “Mis contratos solo atañen a la versión digital. Si el libro funciona, los autores pueden firmar con una casa de papel”.

>> Premios. Muchos son para consagrados; otros, otorgados de antemano. Pero son un apoyo alimenticio y un masaje para el ego. “Para los editores no son una referencia”, avisa Casamayor. “Y cuidado con un escritor que deforme su escritura para agradar una vez a la Generalitat catalana y otra al Consejo galego”.

>> Atentos a lo esencial. “Lo importante es el texto. No sirve que el autor te cuente que tiene muchos parientes que comprarán el libro”, asegura Bértolo. Para publicar, lo más importe es escribir. Escribir bien, y resistir. Luego ya llegará lo demás. Hasta un editor tiene su corazón. Lo dice Casamayor: “Después de dar 500 noes, un sí es un gran placer”.

Fuente: http://ccaa.elpais.com/ccaa/2012/11/16/madrid/1353028649_762942.html

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