viernes, 14 de septiembre de 2012

Aventuras y desventuras de alguien en busca del amor - CAPITULO 6 Arturo & Salva

Salva: ¿Por qué no puedo pasar de pensar en Nadja? ¿Me habré enamorado? A ver, seamos razonables, solo ha sido una cita. Nuestra primera cita, pero… ¡Caray! ¡Que cita! Si eso no fue magia que baje dios y lo vea…


El fin de semana ha pasado con exagerada lentitud, pero en esta ocasión me he sentido distinto. No he pensado en Beatriz ni una sola vez. ¿Me habré curado? ¿Será Nadja la cura?

Desde que me despedí de ella el viernes no he podido parar de pensar en otra cosa. Ya veis, vuelvo a ser un tonto enamorado, que mal. De pronto una duda me asalta y no puedo evitar preguntarme: ¿Y si ella no ha sentido lo mismo que yo? Ahora no podría encajar una negativa. No, ahora no. Estoy demasiado ilusionado. ¿Se supone que debería llamarla? Si la llamo sabrá que me interesa y tendrá la sartén por el mango… ¡Atontado! Me replico a mi mismo tratando de espabilar. Es cierto, la sartén la tiene por el mango desde el primer momento. Desde que sus preciosos ojos se cruzaron con los míos, desde entonces es dueña de la situación. Vuelvo a ser un pelele en manos de una mujer, pero… ¡Que mujer!

Arturo: Entro en el almacén, recapitulando la conversación que acabo de mantener con Maruja y encuentro a Salva obnubilado mirando las musarañas:

-      ¡Salva! –exclamo acercándome a él que reacciona dando un respingo- ¡Vamos muchacho que te pago para trabajar!
-      Don Arturo, discúlpeme. Esta mañana estoy algo distraído.
-      Apostaría que sé por qué…
-      ¿Cómo?
-      ¡Que sé donde tienes la cabeza, muchacho!

Su sonrisa bobalicona no me engaña, está pensando en la camarera de “Casa Pepe”, estoy seguro. Vaya, si me equivoco que me parta un rayo. Sino lo hubiese visto con mis propios ojos no podría decir nada, pero como lo vi, estoy seguro que piensa en ella. Pobre muchacho, ya lo han vuelto a embaucar. Primero vea y ahora la rumana. ¡Si es que el mundo está lleno de merluzos!

-      ¿Y qué? ¿Cómo fue la cita?
-      Bien, estuvo bien.
-      ¿Solo bien? A juzgar por lo que veo, no estuvo bien, debió ser espectacular.
-      Don Arturo, yo…
-      ¡No tengas vergüenza chaval! –digo dándole una palmadita en la espalda- Quien tuviese tu edad y tu planta.
-      Usted también está bien Don Arturo. A muchos ya les gustaría llegar a su edad tan enteros.
-      No me puedo quejar, tienes razón. ¿Sabes? He llamado a la madre de tu amiguita…
-      ¿A quién?
-      A Maruja, la madre de tu amiga Lucia.
-      Ah, bueno, Lucía y yo no somos amigos. Mi madre y Maruja me prepararon una cita a ciegas y la cosa no salió bien.
-      ¡Pues claro que no salió bien! ¿Cómo querías que saliese si te pusiste a ligar con la camarera? ¿A caso no recuerdas que estaba allí?
-      Ya, no fue mi mejor cita. Eso está claro. Al menos conocí a Nadja.
-      Sí, y yo a Maruja.
-      ¿Le gusta la señora Maruja? –hace una pausa y confiesa rápidamente- Me han dicho que es de armas tomar…
-      Eso he oído. Así será más divertido. Siempre me han gustado las mujeres difíciles.
-      ¿Así que va en serio? ¿Van a quedar?
-      Sí señor, hoy hemos quedado. Cenaremos en “Casa Pepe”

Salva: Acto seguido a aquella confesión comprendo algo instantáneamente; comprendo que gracias a Don Arturo tengo una excusa para poder llamar a Nadja, una buena excusa más allá de querer escuchar su voz:

-      ¡Don Arturo, yo le reservaré la mesa!
-      Gracias Salva, todo un detalle por tu parte.

“Gracias a usted, Don Arturo” pienso mientras de nuevo mi rostro dibuja una sonrisa de tonto enamorado. 

C.Pérez de Tudela

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